El viaje de los Gaviotines Inca
Actualizado: hace 2 días
El fenómeno de El Niño y el viaje de los gaviotines Inca hasta el Pacífico colombiano
Tema: Gaviotines inca en Bahia Solano

En las costas y formaciones rocosas del Pacífico colombiano, recientemente han llamado la atención unas aves marinas muy particulares. Tienen el cuerpo gris oscuro, el pico y las patas de un rojo intenso y, como si llevaran un pequeño bigote, unas plumas blancas que se extienden a ambos lados de la cara, al estilo de Salvador Dalí. Son los gaviotines Inca (Larosterna inca), también conocidos como gaviotines monja o zarcillos. Estas aves marinas están estrechamente relacionadas con las aguas frías y productivas de la Corriente de Humboldt.

Su distribución se concentra principalmente en las costas de Perú y Chile, aunque también existen algunos registros hacia Ecuador y Colombia. En nuestro país, su presencia es poco común y ha sido documentada, entre otros lugares, en la isla Gorgona. A primera vista, encontrarlos puede parecer simplemente una oportunidad para observar una especie poco frecuente. Pero detrás de su presencia hay una historia que comienza cientos de kilómetros al sur y que está relacionada con uno de los fenómenos climáticos más importantes del planeta: El Niño.


Un ave que sigue al alimento
Para entender por qué un gaviotín Inca puede aparecer lejos de los lugares donde normalmente lo encontramos, primero tenemos que mirar hacia el mar. Estas aves son excelentes pescadoras. Vuelan cerca de la superficie y se lanzan al agua para capturar pequeños peces. Entre sus presas se encuentra la anchoveta peruana (Engraulis ringens), uno de los peces más importantes asociados a la Corriente de Humboldt. La anchoveta forma enormes cardúmenes y constituye una pieza fundamental de la red alimentaria de numerosas especies marinas.

El gaviotín no conoce las fronteras que hemos demarcado entre nuestros países. Sigue al océano y, sobre todo, sigue al alimento. Cuando las condiciones del mar cambian, también pueden cambiar la distribución, abundancia y comportamiento de los peces que forman parte de su dieta. Y cuando el alimento escasea en un lugar, los animales que dependen de él pueden verse obligados a buscar nuevas oportunidades.
¿Qué pasa cuando el océano se calienta?

En condiciones normales, los vientos alisios soplan de oriente a occidente sobre el Pacífico ecuatorial. Este movimiento favorece el desplazamiento de las aguas superficiales cálidas hacia el occidente y permite que aguas más frías y ricas en nutrientes asciendan frente a las costas de Perú y Chile.
Este proceso, conocido como surgencia o afloramiento, convierte al sistema de la Corriente de Humboldt en uno de los ecosistemas marinos más productivos del planeta.
Durante El Niño, las condiciones normales de circulación del océano y la atmósfera se alteran. Los vientos alisios se debilitan y las aguas cálidas se desplazan hacia el Pacífico oriental. Como consecuencia, cambia la estructura del océano y disminuye la llegada de aguas frías y ricas en nutrientes a determinadas zonas de la costa de Suramérica. El Niño forma parte del sistema ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), que describe la interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico tropical. Y en 2026 este fenómeno vuelve a ser protagonista. De acuerdo con el Centro de Predicción Climática de NOAA, para agosto de 2026 El Niño se encuentra en fortalecimiento y existe una probabilidad superior al 90 % de que se presente un evento muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte de 2026-2027. En julio, las anomalías de temperatura superficial del mar superaron los 2 °C en sectores del Pacífico ecuatorial oriental.

¿Qué tiene que ver todo esto con un gaviotín?
Mucho.
El océano no es un escenario estático. Cuando cambian la temperatura y la disponibilidad de nutrientes, también cambia la manera en que se distribuyen los organismos que viven en él. La anchoveta, por ejemplo, responde a las variaciones ambientales modificando su distribución, comportamiento y alimentación. Durante eventos cálidos asociados con El Niño se han observado cambios importantes en su distribución vertical y horizontal. Durante El Niño 2023, estudios realizados en el sistema norte de la Corriente de Humboldt encontraron que las anchovetas llegaron a ocupar profundidades de hasta aproximadamente 190 metros, mientras las condiciones cálidas alteraban la estructura habitual del ecosistema.
Para un pez pequeño, estos cambios pueden significar buscar aguas más óptimas para su supervivencia. Para un gaviotín que necesita encontrar esos peces para alimentarse, significa tener que seguirlos. Y es aquí donde una alteración que comienza en el océano puede terminar convirtiéndose en algo que observamos en nuestras costas.

Cuando buscar alimento se convierte en un desafío
Muchas especies tienen la capacidad de moverse grandes distancias cuando las condiciones ambientales cambian. El problema aparece cuando estos desplazamientos ocurren durante períodos prolongados de escasez de alimento. La falta de comida puede producir pérdida de condición corporal, agotamiento y una mayor vulnerabilidad frente a otros factores de estrés y enfermedad. En aves marinas debilitadas, además, las posibilidades de sobrevivir pueden disminuir si sufren lesiones que les impiden volar.
Esto nos ayuda a comprender la historia de los dos gaviotines Inca que llegaron al Jardín Botánico del Pacífico. Ambos fueron encontrados en condiciones que comprometían seriamente su capacidad para sobrevivir por sí mismos. El primero presentaba las plumas de vuelo de sus alas y cola cortadas de manera aparentemente intencional y se encontraba agotado mientras era perseguido por perros. El segundo presentaba una luxación en uno de sus miembros inferiores y también había perdido casi todas las plumas de vuelo de una de sus alas. A estos casos se suma un registro reciente en iNaturalist, en el corregimiento de El Valle, en Bahía Solano, en el que dos gaviotines Inca aparecen con nylon alrededor de sus plumas, pico y patas.

Aunque no es posible determinar con certeza quién ocasionó estas lesiones ni las circunstancias en que ocurrieron, las características de estos casos sugieren que pudieron producirse como consecuencia de interacciones negativas entre las personas y estas aves silvestres.
Estas situaciones pueden estar relacionadas con el desconocimiento sobre la especie, el temor, la percepción de que los animales representan una molestia o, simplemente, la falta de información sobre cómo actuar ante su presencia. De lo que sí tenemos certeza es de que, para un ave marina, perder la capacidad de volar no es un problema menor. El vuelo le permite encontrar alimento, desplazarse entre sus zonas de alimentación, escapar de los depredadores y buscar lugares adecuados para descansar. Cuando esta capacidad se ve comprometida, el animal queda en una situación de enorme vulnerabilidad.
Lo que estamos haciendo en el
Jardín Botánico del Pacífico
Nuestra esperanza es que estos gaviotines puedan volver al mar, volver a pescar su propio alimento y, ojalá, regresar a las colonias donde viven y se reproduzcan.
Desde su llegada al Jardín Botánico del Pacífico, y gracias al apoyo y la asesoría médica veterinaria de colegas de Colombia y Perú, hemos estado monitoreando su estado de salud. Les ofrecemos alimento fresco y suplementamos con vitaminas e inmunoestimulantes para favorecer la muda de las plumas de vuelo afectadas. También estamos tratando algunas de las heridas que presentan en sus patas y alas y vigilando que aumenten progresivamente de peso.

En los próximos meses, dependiendo de la respuesta que observemos en los animales, esperamos comenzar paulatinamente ejercicios de vuelo que permitan fortalecer su musculatura pectoral. Cada pequeño avance será importante. Recuperar la capacidad de volar significaría darles nuevamente la posibilidad de hacer aquello que un ave marina necesita para sobrevivir: desplazarse, buscar alimento y desenvolverse por sus propios medios.
¿Cómo pinta el panorama?
El viaje de los gaviotines Inca podría no ser un caso aislado. Mientras las condiciones del océano continúen cambiando, es posible que otras aves marinas poco habituales aparezcan a lo largo del Pacífico colombiano, como piqueros de patas azules, pardelas o algunas especies de gaviotas. Cada uno de estos encuentros será una oportunidad para observar qué está ocurriendo en el mar, pero también para aprender cómo podemos actuar frente a la presencia de estas especies en nuestras costas.

Si encontramos un ave marina, lo primero es detenernos y observarla durante unos minutos, manteniendo una distancia prudente. Si permanece alerta, conserva una postura normal y no presenta lesiones visibles, lo mejor es dejarla tranquila y permitirle continuar su camino. En cambio, si está herida, no puede mantenerse en pie, presenta dificultades para desplazarse o se encuentra en peligro inminente, será momento de pedir ayuda a la autoridad ambiental correspondiente, como Codechocó.
Nuestro primer impulso puede ser acercarnos, tocarla o darle comida. Sin embargo, ayudar a la fauna silvestre muchas veces significa saber cuándo mantener la distancia. También es importante mantener alejados a los perros y otras mascotas y evitar perseguir o manipular al animal. Siempre que sea posible, registrar fotografías o videos desde una distancia segura puede aportar información valiosa a quienes se encargan de su atención. Además, plataformas como iNaturalist pueden contribuir al monitoreo y registro de estas especies. Si el animal necesita ser rescatado, su manipulación y transporte deben quedar en manos de personal capacitado, siguiendo las indicaciones de la autoridad ambiental.
Del conflicto a la coexistencia
Quizás el futuro nos depare cada vez más encuentros con especies que antes eran poco comunes en nuestras costas. Algunas llegarán siguiendo el alimento; otras responderán a cambios en el océano y otras simplemente estarán explorando nuevos espacios. No todos estos encuentros serán fáciles. Algunos pueden generar molestias o incluso conflictos con las actividades de las comunidades. Pero cada encuentro también puede convertirse en una oportunidad para aprender a compartir el espacio. Esto significa comprender por qué aparecen estas especies, identificar qué situaciones pueden representar un riesgo para las personas o los animales y buscar, junto con las comunidades, formas de prevenir y manejar esos encuentros.
Quizás el mensaje más importante que nos dejan los gaviotines Inca sea precisamente ese: cuando una nueva especie aparece frente a nosotros, no necesariamente estamos ante un problema; estamos ante una señal de que la naturaleza está cambiando y de que debemos aprender a responder a esos cambios.

Observar antes de actuar, mantener una distancia respetuosa, evitar causar daño, reportar situaciones de riesgo y buscar soluciones junto a quienes conocen el territorio son pequeños pasos que pueden transformar un encuentro inesperado en una oportunidad de coexistencia.
Porque compartir el Pacífico no significa que personas y animales tengamos que competir por él. Significa aprender a entendernos en un mismo paisaje.
Tel: +57 60 (4) 67115110 Línea gratuita: 018000963626 Correo: contacto@codechoco.gov.co
Escrito por: @melinaa.es
Fotografias del ave por @el_tucan_lopez_
Gracias al equipo ciudador: Melina, Diego, Tucán, Oney, Antonio, Ángel, Lorena y Chacha.
Fotos de plumas en https://www.featherbase.info/es/specimen/8685.





Comentarios