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🌿 Los árboles frente al cambio climático: lo que el bosque ya nos está diciendo🌳

🌴 🌊 Entre selva y océano: ciencia viva en 138 hectáreas del Pacífico colombiano.


En el noroccidente de Colombia, en el municipio de Bahía Solano, existe un territorio donde la selva tropical húmeda se encuentra con el Océano Pacífico. En plena región del Chocó biogeográfico, una de las zonas más biodiversas del planeta, se extiende un mosaico de ecosistemas que no solo se conservan sino que se estudian, se miden y se monitorean.



En 138 hectáreas que abarca el Jardín Botánico del Pacífico, distribuidas entre bosque pluvial tropical, manglares navegables, áreas de reforestación, cultivos integrales y playa, la conservación se articula con la investigación a largo plazo.



🔬 Ciencia en territorio: monitoreo de los bosques del Chocó


Durante el año 2023, la Corporación COL-TREE, en convenio con la Universidad de Leeds (Reino Unido), llevó a cabo el monitoreo de parcelas permanentes en bosques del Chocó biogeográfico.


El Jardín Botánico del Pacífico (Bahía Solano) y la Reserva Natural El Amargal (Nuquí) fueron seleccionados como sitios clave para representar la dinámica de estos ecosistemas.


Estos esfuerzos hacen parte de redes internacionales de investigación que buscan entender cómo cambian los bosques tropicales en el tiempo, especialmente frente al cambio climático.




Los bosques andinos están cambiando. A través de años de monitoreo en parcelas experimentales y naturales, investigaciones recientes revelan cómo los árboles responden al aumento de la temperatura: algunos logran adaptarse, otros migran hacia zonas más frías, y muchos enfrentan límites que ponen en riesgo su supervivencia.
Estos estudios muestran que cada especie tiene un rango térmico óptimo, y que al alejarse de él su crecimiento disminuye o cambia. Mientras algunas especies de afinidad fría pueden ajustarse y competir en condiciones más cálidas, otras, especialmente las de afinidad cálida, deben desplazarse hacia mayores elevaciones para sobrevivir. Comprender estas dinámicas no solo nos permite anticipar el futuro de los bosques, sino también tomar decisiones para su conservación. En territorios como el Chocó biogeográfico y los Andes tropicales, donde la biodiversidad es extraordinaria, este conocimiento es clave para proteger los ecosistemas y las comunidades que dependen de ellos.


Bosques inundables:


En las zonas de bosque inundable se han establecido parcelas permanentes que permiten entender cómo las dinámicas del agua moldean la composición forestal. Específicamente, en el Jardín Botánico del Pacífico el reto consistió en medir 1661 árboles durante aproximadamente un mes distribuidos en parcelas ubicadas en bosques de tierra firme y bosques inundables.



En una de las parcelas ubicadas en este tipo de bosque se registraron 257 individuos, de los cuales 239 pertenecen a Euterpe oleracea, conocida comúnmente como palma de açaí o naidí. Esta fuerte dominancia revela cómo ciertas especies pueden estructurar casi por completo un ecosistema bajo condiciones específicas de inundación.


En otra de las parcelas se contabilizaron 239 individuos distribuidos en cuatro especies características de bosques pantanosos. La especie más abundante es Pelliciera rhizophorae (conocido como mangle piñuelo), con 167 individuos (67%).


Le sigue Pterocarpus officinalis, árbol emblemático de los llamados “corchales”, con 61 individuos (25%), especie que da nombre a este tipo de ecosistema por su imponente porte.

Complementan la diversidad Rhizophora harrisonii (mangle rojo híbrido) y Mora oleifera (mora o nato), especies menos abundantes pero ecológicamente relevantes.





Bosque secundario:


En las parcelas de tierra firme establecidas en bosque secundario, se registraron 371 individuos pertenecientes a 57 especies. Aquí la diversidad aumenta y la dominancia se distribuye de forma más heterogénea.



Entre las especies más abundantes se encuentra Jacaranda copaia (conocido como guayacán de montaña o jacarandá), con 44 individuos. También destacan Wettinia quinaria (palma andagoya), Brosimum utile (lechero o sande) y una especie aún indeterminada que representa el mayor número de individuos.


El bosque secundario evidencia procesos de regeneración activa, donde especies pioneras y de crecimiento rápido conviven con árboles de mayor porte en consolidación.




Bosque primario:


En contraste, el bosque primario presenta una estructura más compleja: 431 individuos distribuidos en 98 especies.


Aquí dominan dos especies de palmas:

  • Welfia regia (palma mil pesos)

  • Wettinia quinaria (palma andagoya)



Ambas suman 96 individuos y representan el 22% del total.


Les siguen Brosimum utile (lechero o sande), Carapa guianensis (andiroba o carapa) y otra especie indeterminada.



La alta riqueza de especies en esta parcela refleja la complejidad ecológica del bosque primario tropical: mayor estratificación, diversidad funcional y estabilidad estructural.



Seis hectáreas de monitoreo: árboles gigantes bajo seguimiento.


Uno de los esfuerzos más significativos corresponde a la parcela de seis hectáreas, establecida en 2014, donde se monitorean 540 individuos con diámetro mayor a 30 cm, distribuidos en 61 especies.


Las especies más abundantes son:

  • Jacaranda copaia (guayacán de montaña) – 85 individuos

  • Brosimum utile (lechero o sande) – 54 individuos

  • Pouteria sp. (zapote) – 48 individuos

  • Virola sebifera (cuángare) – 36 individuos

  • Laetia procera – 32 individuos




En conjunto, estas cinco especies representan el 47% de los individuos monitoreados.


Aquí el foco no es solo diversidad, sino estructura: árboles de gran diámetro que almacenan carbono, sostienen fauna y mantienen procesos ecológicos fundamentales.



Medir el bosque es construir memoria ecológica


A través de la investigación científica y el monitoreo en campo, es posible comprender mejor estas transformaciones y tomar decisiones informadas para su conservación.


El establecimiento y la remedición de parcelas permanentes desde 2001, 2014 y 2017 permiten observar cambios en composición, dominancia y estructura a lo largo del tiempo.


En un contexto de cambio climático y transformación de paisajes, contar con datos de monitoreo a largo plazo en el Chocó biogeográfico es fundamental. No se trata únicamente de conservar hectáreas, sino de entender cómo funcionan los ecosistemas, qué especies estructuran cada bosque y cómo responden a las condiciones ambientales.



Le invitamos a leer este pequeño articulo acerca de la expedición, escrito por la Corporación COL-TREE:




Cada árbol medido es una unidad de información ecológica.

Cada parcela es una ventana al funcionamiento del bosque tropical húmedo.

Y cada remedición es una oportunidad para comprender el futuro de estos ecosistemas.


Más que un estudio científico, es una invitación a escuchar al bosque: a entender sus tiempos, sus límites y su capacidad de adaptación en un planeta que cambia rápidamente.

Creditos fotorafías por: @Eltucanlopez, Laura Gómez Mesa y Corporación COL-TREE.



 
 
 

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